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En el asunto de Ponferrada, al “cuco” Óscar López se le vuelve a “ver el plumero”. Le ha tocado “comerse el marrón” y lo asume con disciplina partidaria, pero también, al tomar a los ciudadanos por “pardillos”. con irreflexiva ligereza.

Es cierto que es el más “enmierdado” en el desastre. Sacó pecho cuando “ciego” de idealismo creyó que el viento venía de popa, y cuando cambió la racha le toco recoger velas y pedir perdón: “Me cegó la posibilidad de sacar a Álvarez (el acosador) de la política”. ¡Vamos que ese fue el objetivo de la moción de censura!

El episodio ponferradino ha tenido la virtud de poner a cada uno en su sitio: A Rubalcaba en el de líder con mano de seda en guante de hierro; a Valenciano en el de vicejefa prescindible (según López se opuso a la moción, pero so se la hizo caso); a Carme Chacón en el de Carmen; a un tal López en el de estrella fugaz y a Folgueral   -el nuevo alcalde-   en el de socialista por un día (es un decir, ya que parece que hasta no hace tanto era “independiente”) que, prefiriendo ponerse rojo una vez antes que cien “colorao”, se apuntó (con permiso del maestro Santiago González uso su feliz síntesis)   a lo del “votillo berciano”.

Termino volviendo al tal López y pienso que para sacar de la política a alguien igual hubiera estado mejor dar prioridad a un maltratador sobre un acosador y que para eso tenía más a mano al Secretario General del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra (PSE-EE), un tal “Txusito”. Pero hasta ahí no llegó su ceguera.

Saludos.

Ángel Zurita Hinojal

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