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Va para ti viejita Jesusa. Aunque sé que no eres vieja, por más que hace casi 53 años la vida te marcara para el resto de lo que te quedaba de ella. No lo eres porque decidiste plantarle cara a esa vida insufrible que tenías que vivir, aunque desde aquel  momento te hiciste vieja en un instante. Vieja por la ausencia de la hija y por la falta de su cariño y por la sobra del tuyo.

Ese vacío que ni imaginar puedo debió darte fuerza para soportar tu vejez prematura e instantánea y el insufrible vacío. Insoportable, insufrible sí, pero durante todo ese tiempo, cada día, has sufrido y soportado la ausencia y la falta, el robo y la masacre de la que salió de tus entrañas.

Hasta este abril en que un semejante a aquellos que robaron la vida de tu hija y la razón de tu vivir no ha sido capaz de mirarte a los ojos cuando se ha visto obligado a hacer lo que detestaba: entregarte un trozo de metal en homenaje a ella, a Begoña, tu “neska polita” de 22 meses de vida y una eternidad de ausencia.

Sí, eso he visto en tu mirada lejana de la medalla y ansiosa por cruzarse  con la maldad velada tras los ojos que no te miraban, en la seguridad de poder decirle a tu hija tan presente siempre: “Bego, tanto tiempo, tanto dolor tuyo y mío y de tantos después. Aquellos fueron  capaces de matarte y éstos no soportan mirarnos ¡qué locura!

Hoy no saludo, solo lloro de alegría por la oportunidad de ver la mínima reparación que ha recibido esta gran Jesusa tras esperarla día tras día desde hace casi 53 años. Ahora apoyada en su bastón pero tan solida como el Pirineo de donde procede.

Soy consciente de que por sí sola esta amalgama de palabras no tiene mucho sentido. Para paliarlo, encarezco la lectura de las  dos entradas previas de este blog.

Gracias.

Ángel Zurita Hinojal

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