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Tomo el “palabro” paradigma en su primera acepción del diccionario de la RAE: EJEMPLO.

Acabo de ver el partido de bádminton que decidió que en los Juegos Olímpicos de Río la medalla de oro sea para Carolina Marín y la de plata para la india Sindhu Pusarla.

El bádminton es un deporte minoritario en España, donde con preferencia se juega en las playas, casi siempre como farsa y con molestia para el entorno. Sin embargo Carolina Marín lo ha elevado a las gloriosas cumbres del particular Olimpo español. Aparte de ser la número 1 de la BWF, o mejor por ello, ha sido dos veces campeona de Europa (2014 y 2016) y otras dos del mundo (2014 y 2015), además ha ganado en 2015 dos Super Series Premier, la All England y el Abierto de Malasia, desde hoy también es campeona olímpica. Y solo cuenta 23 años.

Carolina

El partido me ha sugerido al bádminton como parábola de la vida, difícil de llevar y más difícil triunfar en ella. En él el “volante” es el contexto, la circunstancia y por más vocación, preparación y dedicación implícita nada garantiza el resultado. En su hermano mayor el tenis, el factor suerte, con estar presente, raramente llega a ser determinante, en el bádminton tampoco debe serlo, pero se diría que sí.

La cadencia de los golpes desconcierta y enaltece. Sorprende que la precisión de la mente del/la jugador/a muchas veces no se corresponda con la trayectoria del “volante”. Pero no menos que el resultado del partido por lo general sí con la calidad del ganador/a.

Por lo mismo, no extrañan los gritos de Carolina Marín al final de cada lance, supongo que tanto para animarse como para complacerse. ¡Va por ella esta entrada!

Ángel Zurita Hinojal

 

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