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Hizo bien El Rey proclamando desde tribuna tan señalada como la Pascua Militar que no hay que escatimar esfuerzos en la lucha contra el terrorismo yihadista. Igualmente acertó la Ministra de Defensa definiendo el desafío yihadista como el principal reto al que se enfrenta la comunidad internacional y continuó acerando cuando reclamó altura de miras en ese escenario multifacético del que aquí solo repararé en la inversión requerida por la OTAN en materia de Defensa, concretada en el 2 por ciento del PIB.

Pues bien, siendo esa aspiración además de un compromiso una necesidad, no es menos certera la argumentación de la Ministra sobre su certeza de que la línea divisoria entre la seguridad exterior y la interior es más sutil cada día.

Sin que su proclamación implique triunfalismo, es incontestable que el ámbito de la seguridad interior está sobresalientemente atendido por la Policía Nacional y por la Guardia Civil. Por ello, no parece ocioso insistir en lo que apuntaron los discursos de la Pascua Militar, que la lucha contra el terrorismo internacional tiene dos frentes que, aunque intercomunicados, hasta el presente no han sido considerados en la perspectiva global que su importancia demanda.

Como los Ejércitos, la Guardia Civil y la Policía Nacional necesitan la mejora de sus presupuestos. No basta que con los actuales los atentados yihadistas frustrados por sus actuaciones sean casi innumerables. Contra esa posible tentación triunfalista se opone la sexta insistencia del líder de Al-Qaeda en la yihad para “recuperar” Ceuta y Melilla y la enésima manifestación del ISIS no conformándose con las dos ciudades africanas y clamando por la reconquista de Al-Andalus en su integridad.

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En fin, aunque no queramos darnos por aludidos, como tantas veces en la historia, España vuelve a ser el valladar frente al integrismo islamista y bien estará que se implique hasta las cachas en ese papel que su geografía y esa historia le han asignado.

Pero el plano de la normalidad hay que tratarlo con la misma normalidad: la guerra y su prevención por los Ejércitos y el mantenimiento de la paz y la prevención del terror en la propia casa por los especialistas, la Policía Nacional y la Guardia Civil.

¡Qué satisfacción y qué orgullo ver crónicas de otros países (de nuestro entorno) en las que sus ejércitos velan por la seguridad en sus principales ciudades, mientras que en España ese es un papel que no se ha hurtado a sus especialistas! Otra cosa sería matar moscas a cañonazos. No lo vean mis ojos.

Vuelvo al principio: Ello exige la adecuación de los presupuestos y de las plantillas de los dos Cuerpos. Lo que, a ojo de buen cubero, sería posible con el montante de la compra de un “supercaza” adicional. Sería el “supercaza” super-optimizado. Por supuesto, sin menoscabo de la necesidad de invertir en Defensa el 2 % del PIB.

Ángel Zurita Hinojal

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