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Cuando mi hijo no había perdido su lengua de trapo me sorprendía con “palabros” tales como PASIMÚO o VENTORAL, que yo interpretaba de la mejor manera posible teniendo en cuenta sobre todo lo que más que por la boca transmitía por sus ojos y sus gestos. En los ejemplos, el primero venía a significar “por pasmado, mudo” y el segundo “temporal de viento”. Ambos vienen a colación de lo que sigue a continuación, pues pasimúo me tiene este ventoral que si ningún provecho propicia a la Guardia Civil, amenaza al crédito bien ganado de la Policía Nacional.

Me entra por el WhatsApp el siguiente mensaje de un amigo miembro de la Policía Nacional: “¿Nadie va a salir en defensa del CNP? No somos una banda, como se deduce de lo que publican los medios. Si hubo o hay actividades que deben ser depuradas ¡hágase!, pero la imagen del Cuerpo, con tanta gente caída defendiendo la seguridad y las libertades públicas, y muchísimos más con trayectorias brillantes y muy honradas, la mayoría, no deben ser objeto de este escarnio. Y ¿dónde están los sindicatos? ¡Quién nos lo iba a decir! ¡Llegar a sentir vergüenza! ¿Qué asco!”.

Comprendo y comparto la indignación de este policía. Y me indigna más todavía el empeño en enfrentar comparando a los dos cuerpos de seguridad de ámbito nacional.

Guardia Civil y Policía Nacional conocen a la perfección cuáles son sus respectivas razones de existir, sus objetivos. Coincidentes en la sustancia pero en parte diversas en base a los propios sistemas. Queda apuntada esa sustancia en el mensaje de mi amigo, la defensa de la seguridad y las libertades de los ciudadanos. Los caminos   -siempre en el marco de la legalidad-   difieren como distinto es el entorno físico y humano en el que se desempeñan ambos colectivos.

Pero tirar por la calle del medio, como están haciendo en los últimos días conspicuos divulgadores, no hace nada rendidos admiradores de de la Policía Nacional, no es de recibo. Sobre todo porque en el camino se conoce a los transeúntes y si en el camino que uno conoce se adquiere conciencia de la endeblez intelectual y humana de esos comunicadores, se toma nota para tamizar su crédito en otros recorridos con revueltas desconocidas.

Eso para los comunicadores, para los sindicatos policiales y sus “ocupantes” la reflexión es más simple: os conocemos, no nos sorprendéis.

Ángel Zurita Hinojal

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