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Al hilo del “Caso Noos”, tan de actualidad este viernes 17, en la página 2 de la edición de El Mundo, Fernando Palmero me deleita con su breve pero sustancioso artículo titulado “Monarquía y virilidad”, cuya imagen inserto. Nada que objetar de la primera a la última palabra.

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Pero no objetar no equivale a no echar de menos.

Y como en el opúsculo recurre a un tiempo (finales de los años 50) y se refiere a alguien  cuya identidad no podemos intuir los no iniciados (“un joven periodista homófobo y monárquico entonces   -algo valiente debía ser por su monarquismo en aquella hora, entiendo-,   hoy veterano referente de esta profesión   -periodista, termino de entender-   que identificaba República y homosexualidad con el argumento de que se trataba de dos formas degeneradas de entender la política y el sexo”, me sale de dentro este mínimo reproche:

Puesto que, por ser “veterano referente”, vive, no cabe aquello de no hacer leña del árbol caído, ¡qué bien habría estado conocer esa identidad! Aunque solo hubiera servido como purga de errores de juventud y matiz de su actual condición referencial.

Pero faltó coraje en el señor Palmero. Me parece. Salvo que el aludido sea finado, lo que el articulista no dice. En cuyo caso me atrevería a jugar a los acertijos. Pero no quiero.

Ángel Zurita Hinojal

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