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(*) “La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”

(**) Al ton de otras recientes entradas de este blog

La comisión de Presidencia del Ayuntamiento de Barcelona debatía ayer la Proposición del PP que pretendía que la corporación municipal se adhiriera a la Declaración de Barcelona en defensa de los derechos humanos en Venezuela. La proposición se aprobó pero con el resultado añadido de poner de manifiesto qué tan bien o mal nacidos son unos y otros: además del PP votaron a favor el Grupo Demócrata (antes CiU), PSC y Ciudadanos; BComú y ERC se abstuvieron y la CUP votó no. Total, 22 Sí, 16 abstenciones y 3 No.

Todo normal y dentro de los márgenes de la democracia. Lo que no es democrático es que en medio de la votación irrumpieran miembros de la CUP con carteles con fotos del opositor venezolano Leopoldo López calificando de #Asesino. La misma foto se ha colgado en la cuenta de Twitter de la CUP, en la que han publicado «Hartas de escuchar apoyos a la derecha venezolana que está cometiendo verdaderos delitos contra la soberanía de un pueblo y la humanidad» y «La derecha barcelonesa en defensa de la derecha asesina venezolana». Mientras, la concejal María Rovira ha mostrado el apoyo de su formación a la revolución bolivariana.

Lo anterior es el extracto de la noticia que hoy publica ABC y me sirve para analizar y calificar tan ruin proceder. Por lo demás, análisis y calificación breves ya que los autores se califican a sí mismos.

¿Qué grado de alienación es el de los integrantes de la CUP que pregonan  -y sin duda creen- que la oposición venezolana solo es la derecha? ¿Cómo convencerles de que es el chavismo madurista el que el que está cometiendo delitos contra la soberanía venezolana y crímenes contra los venezolanos y contra la humanidad? ¿Es concebible que con su exigua representación (3 de 41 concejales) la CUP avergüence al consistorio barcelonés y a Barcelona? ¿Cómo pueden admitir los catalanes que con la también exigua representación en su Parlamento (10 de 75) la CUP maneje a su antojo el “prucés”?

Aunque cabe un atisbo de esperanza. Basta ver la foto de los que portan los carteles. De los cuatro, dos muy ufanos pero los otros dos se ocultan. De los orgullosos me reservo la opinión; sobre los otros, da lo mismo que lo hagan para evitar su identificación o por vergüenza, de ambos modos demostrarían que son conscientes de su ruindad. De su ruindad y del superlativo lodazal en el que se rebozan.

Ángel Zurita Hinojal

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